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En el corazón del barrio del Abasto, en la cortada que lleva su nombre y donde se encuentra emplazada la única estatua de la ciudad que lo recuerda, todos los días abre sus puertas Esquina Carlos Gardel. El inmueble donde funciona supo ser albergue de hombres de trabajo e inmigrantes. Vivió el esplendor del tango, tal vez contagiado por su vecindad con la casa de Carlos Gardel de la calle Jean Jaurés, a menos de dos cuadras de su ubicación. Hoy, más de 100 años después, esta historia vuelve a repetirse. Esquina Carlos Gardel, situada exactamente en el mismo lugar donde funcionaba "Chanta Cuatro", une estas dos historias y ofrece una alternativa inigualable e insuperable en restaurantes temáticos de Tango.
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